Lionel quiere ayudar a su cuñada.
Complicado fue calmar la histería del Alfa Romano, por supuesto que no quería que su princesa siguiera el mismo destino que el joven Alfa Salvatore.
— ¡Romano, te voy a arrojar por alguna ventanilla si no te tranquilizas, no des por hecho que mi cachorro va a morir, con un carajo! — El rey gruñía desde su asiento.
(...)
Mientras tanto en el área de enfermería, Leo volvía de llamar a su padre, fué entonces que se encontró con una escena algo inusual. Lionel estaba por lamer la herida de l