El estruendo del disparo de Alejandro fue ensordecedor, Dante, con un reflejo nacido del entrenamiento más brutal, golpeó el brazo del fiscal, desviando el proyectil hacia el techo justo cuando la puerta estallaba.
— ¡Al suelo, ahora! — rugió Dante, envolviendo a Lyra mientras una lluvia de granadas aturdidoras convertía el salón en un infierno. No era la policía la que entraba, sino el equipo de los Montaño, extrayéndolos del caos.
Dante la arrastró, ignorando los gritos Alejandro que forcejea