Capítulo 79. Reconocimiento.
El hombre del lanzagranadas sonrió.
Después apretó el gatillo.
—¡AL SUELO! —rugió Luciano.
Fernando no pensó.
Actuó.
Se lanzó hacia adelante y golpeó a Vincenzo en el pecho con toda la fuerza de su cuerpo.
Los dos cayeron detrás del enorme escritorio de madera y acero justo cuando el proyectil atravesaba el cristal del despacho.
La explosión sacudió el edificio entero.
El mundo desapareció durante un segundo.
Vidrio.
Humo.
Fuego.
El estruendo le hizo perder el oído del lado izquierdo durante va