Capítulo 102. ¡Se nos va!
La enfermera tragó saliva. Miró a Fernando, que tampoco hizo ademán de moverse. La vio fija con una mirada fría y oscura.
—Solo... solo no toquen los cables de infusión —cedió la enfermera, retrocediendo hacia la puerta—. Si la presión arterial baja de noventa, me llaman de inmediato.
La puerta de vidrio se cerró.
Estaban solos otra vez. El reloj de la pared marcaba las dos de la madrugada. Las seis horas críticas apenas comenzaban a correr.
Arturo acercó una silla metálica y se sentó al lado d