CAPITULO 30
La cara de los presentes solo podía ser de sorpresa, nadie daba crédito a las palabras de un dolido Antonio.
—¿Que estás diciendo? Mi bebé es tuyo, no te digo mentiras — Luciana tomo de las manos a Antonio, quería que el la viera a sus ojos, y que entendiera que lo amaba.
Pero Antonio quitó su mirada de gracia de ella, el dolor y rabia que sentía en su pecho no le permitían darle la oportunidad de explicación.
—¡Eres una víbora mentirosa! Tu palabra para mí vale menos que nada — Ant