92. Caos
El tic tac del reloj es invisible en la mente de Gerald, cuyo cuerpo apenas soporta todo los golpes que hace sólo unos minutos fueron atestados en su cuerpo.
Apenas se puede levantar del suelo.
Con una de sus manos arropa su propio vientre y tose un poco de la sangre que cae de su boca. Se encuentra en el rincón, apretando el hematoma ya morado en su vientre y costillas. Han pasados unas horas ya desde que los enemigos vinieron. No quieren asesinarlo todavía. Sólo le pasaron un jarrón de agua