—¡Fernando! ¿Qué estás haciendo aquí? —Gracia lo miró con desprecio.
Él se acercó con una sonrisa tensa y le extendió el ramo de flores.
—Gracia, mi amor, ¿cómo estás?
—Te he dicho que no me llames así. Y te exijo que te vayas —replicó, conteniendo el temblor de rabia en su voz—. No entiendo qué haces aquí.
—Sí, lo sé… ya no eres mi amor. Estás casada con Maximilien, y lo comprendo. Él tiene una excelente posición social, económica… Pero, Gracia, en el fondo de tu corazón, sé que aún tienes sen