La mansión estaba envuelta en un silencio extraño, como si las paredes contuvieran la respiración. Gracia se había refugiado en la habitación principal. Amamantaba a Hope, acariciando con dulzura sus manitas mientras la niña se aferraba a ella.
—Mi amor —murmuró con voz quebrada—, tú no mereces crecer en medio de odios y traiciones…
La puerta se abrió despacio. Maximilien entró y se quedó un instante observándolas. Sus ojos se suavizaron al ver a Gracia con la bebé en brazos. Se acercó sin pris