El penthouse recibió a Karla y Maxton con un silencio que resultaba casi ensordecedor después del torbellino de voces y música que habían dejado atrás en la gala. Las luces automáticas se encendieron con su llegada, derramando una luminosidad suave que hacía que el mármol del vestíbulo brillara como hielo pulido. Karla caminaba detrás de Maxton con pasos cuidadosos, los tacones de diez centímetros haciendo que cada movimiento fuera una pequeña tortura después de tres horas de pie.
Se quitó los