El Club Cortina Roja no hacía honor a su nombre.
No era un club ni estaba lleno de gente bailando y emborrachándose con sus amigos. No era elegante ni ruidoso como lo eran los clubes normales.
No.
Le pertenecía a Miguel Ricardo.
Miguel no creía en la clase social, y desde luego no creía en hacer que sus negocios sucios parecieran limpios. No le interesaba la estética de lujo ni mantener una fachada legítima para disimular de dónde provenía su dinero. Su riqueza se había construido a base de bur