En un hotel de cinco estrellas en el centro de la kota de Ashford Falls, Dominic permanecía de pie frente al ventanal de su habitación, ubicada en la planta número veinte.
La panorámica nocturna de la ciudad se extendía con amplitud ante sus ojos. Las luminarias de los rascacielos destellaban como estrellas que hubieran descendido a la tierra. Las calles, humedecidas por la llovizna, reflejaban la claridad del alumbrado público, propiciando un hermoso destello plateado. Los vehículos transitab