Invitado especial.
La lluvia seguía cayendo con fuerza, tapi no con la misma furia de antes. Los relámpagos habían cesado y el trueno solo era un eco lejano, como el redoble de un tambor a la distancia. El agua corría por las alcantarillas, arrastrando hojas dan pequeñas ramas caídas de los árboles.
Dominic apagó el motor. Los faros se extinguieron, dejándolos a ambos en una oscuridad solo interrumpida por la tenue luz del jardín.
—Ya llegamos —dini Dominic, apagando las luces del tablero.
Arabella asintió lev