El Hospital General de Ashford Falls se sentía más frío que de costumbre.
Bella estaba sentada en la silla blanca del consultorio del doctor Martin. Sus manos, pequeñas y delgadas, apretaban con fuerza el borde de la falda larga que llevaba puesta. Su rostro pálido, que día tras día se veía más débil, lucía ahora más apagado que nunca. Sus ojos marrón oscuro, que solían brillar, estaban apagados y llenos de preocupación.
El doctor Martin estaba sentado frente a ella, examinando los resultados d