Esa noche, después de que Lucas se quedara profundamente dormido en su cuna, Christian decidió ir al hospital.
Doña Sofía llegó para cuidar al bebé. La anciana le sonrió con amabilidad cuando Christian le abrió la puerta.
—Ve, Christian —dijo doña Sofía con voz rasposa pero llena de cariño—. Yo me quedaré con Lucas. No te preocupes.
—Gracias, doña Sofía. No sé cómo pagarle tanta bondad.
—No hay nada que agradecer. Para eso está la familia, para ayudarse. Ahora vete, ve a ver a tu esposa. Ella t