Dom es muy egoísta.
El coche se detuvo a un costado de una carretera desierta.
No era la casa de Dominic. No era su oficina. No era ningún lugar que Arabella conociera. Solo la orilla del camino, bajo un árbol frondoso cuyas hojas empezaban a amarillear por la sequía. La carretera estaba solitaria; solo de vez en cuando pasaba algún vehículo. No había casas cerca. No había tiendas. No había nadie. Solo árboles, maleza y un cielo azul despejado, sin una sola nube.
Dominic apagó el motor. El rugido del lujoso BMW