Christian debe vivir.

Bella contuvo el aliento. Su pecho se agitaba. A los costados de su cuerpo, sus manos se cerraron en puños apretados.

​Dominic caminó hacia la reja. Sus ojos oscuros observaron a Bella con una mirada distinta. Había una sonrisa en sus labios; una sonrisa que no se reflejaba en sus ojos y que solo logró encender aún más la furia de Bella.

​—Hola, mi amor —saludó Dominic. Su voz era suave, como de costumbre, como si nada hubiera pasado. Como si no hubiera enviado a decenas de hombres a matar a Ch
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