Esa noche, en un exclusivo restaurante del centro de Madrid, la atmósfera se percibía cálida y elegante.
Las arañas de cristal del techo proyectaban una luz tenue, creando un resplandor dorado y suave en todo el recinto. Las mesas de madera de teca con manteles blancos e impecables se alineaban con pulcritud, adornadas con jarrones de flores frescas y hermosas. Una melodía clásica sonaba bajito desde los altavoces en una esquina del salón, acentuando el ambiente romántico y refinado.
Dominic pe