La noche se profundizaba sobre la suntuosa residencia de Dominic. La mansión se erguía imponente en un exclusivo sector de Madrid, flanqueada por un amplio jardín bañado por la dorada luz de los faroles, una alberca que destellaba bajo el manto lunar y muros de mármol blanco de un resplandor impecable. Sin embargo, tras semejante magnificencia, reinaba una soledad sofocante.
Javier permanecía sentado en el sofá del salón principal, vistiendo aún el saco negro ligeramente arrugado tras una exten