El lujoso automóvil negro avanzaba a paso lento por las calles de Madrid con destino al aeropuerto. En el interior del vehículo, Dominic ocupaba el asiento trasero con una expresión que ya no era capaz de ocultar: el cansancio, el hastío y una frustración contenida se dibujaban en sus facciones. A su lado, Ana lucía una sonrisa radiante; mantenía su mano firmemente entrelazada dengan la de él, como si temiera que pudiera desvanecerse en cualquier instante.
—Le pediré a mis hombres que preparen