El ataque comenzó sin forma.
No hubo pasos de ejército ni armas contra puertas. No hubo cuerpos escalando el acantilado ni sombras atravesando ventanas. La oscuridad simplemente se filtró entre las piedras del monasterio, como humo vivo, como una enfermedad entrando en los pulmones del mundo.
Luna sintió el golpe en el vientre antes de escuchar el primer estruendo.
Se dobló sobre sí misma con un grito y Andrey la sostuvo de inmediato.
—¡Luna!
—No… no soy yo… —jadeó ella—. Es él… lo están llamand