Llegué a casa completamente destruida, con el cuerpo adolorido y el alma todavía peor, sintiendo que ya no me quedaba nada dentro, como si todo lo que me sostenía se hubiera ido desmoronando poco a poco sin que pudiera detenerlo.
Lo único que quería era desaparecer. Morir. Y, siendo sincera, probablemente debí haber muerto hace muchísimo tiempo, pero la vida parecía empeñada en mantenerme aquí solo para seguir retorciéndome, como si tuviera planes macabros conmigo.
Abrí la puerta con cuidado, i