Los eventos en Inglaterra eran malditamente aburridos.
Me tomé mi tercer trago y respiré profundo.
Quería estar en mi casa, follando con alguien. Estos días habían sido una mierda. Estaba estresado, el cuello me estaba matando y el pendejo de Nicola no ayudaba en nada.
Un desastre tras otro.
Ojalá no terminara jodiendo todo por un coño que, si soy honesto… ni siquiera valía la pena.
—Señor De Luca, ¿está usted disfrutando del evento? —me preguntó uno de los inversionistas de una de las empresas