—Pasa algo, señora Livingston— pregunta al mayordomo Mariano al verla tan pensativa, a lo que ella reacciona y lo mira. Sus mejillas están sonrojadas y sus manos empezaron a sudar. —No, no pasa nada, señor Mariano, iré a mi habitación.
Entonces él le pregunta: —Disculpe, señora Livingston, pero antes de que se vaya, deseo saber si cenará junto a su hermana o esperará a que llegue su esposo.
A lo que Rossie le dice: —Seguramente mi esposo demorará; últimamente, con el lanzamiento de la colección