55. SUEÑO Y PESADILLA
Capítulo cincuenta y cinco: Sueño y pesadilla
Teresa se quedó helada sin poder moverse, no podía dar crédito a lo que oían sus oídos. ¿Cómo es posible que la amara y a la vez quisiera divorciarse de ella?
—Es que te amo, cara mia. ¡Te amo con locura! ¡Amo cada centímetro de tu cuerpo, marcado o no! ¡Siento un orgullo inmenso de saber que es mío, que me perteneces y muero de solo pensar en que puedo perderte! —Exclamó Angelo un poco más calmado—. Ya está. Ya lo dije.
—¡Diablos! Pero entonces ¿De