El sonido de la puerta al cerrarse aún resonaba en el apartamento. Zeynep permaneció unos segundos inmóvil, mirando hacia el pasillo por donde Kerim había salido. Sintió un nudo en el pecho, una mezcla de rabia, tristeza y resignación. Luego respiró profundo y se levantó del sofá.
El bebé comenzó a moverse entre sus brazos, y ella volvió a sonreír con ternura.
—Tranquilo, mi amor… ya todo está bien —susurró, aunque sabía que no era cierto.
Entró en la habitación, lo acostó con cuidado en la cun