En el penumbroso despacho de Hakan, el tiempo parecía haberse detenido, quedando atrapado entre las paredes tapizadas de cuero y el aroma a cigarrillo rancio. Hakan permanecía sentado, observando a Zeynep con la misma curiosidad con la que un entomólogo estudia a un insecto antes de atravesarlo con un alfiler.
—¿Sabes por qué Baruk Seller camina con la espalda tan recta, Zeynep? —preguntó Hakan, su voz era un susurro gélido que cortaba el aire—. No es orgullo. Es la rigidez del cadáver que llev