Zeynep cerró la puerta de su habitación con el corazón martilleando contra sus costillas. Sus manos, aún temblorosas por el encuentro con Abram, se dirigieron instintivamente al armario. Sacó la maleta de cuero oscuro y la arrojó sobre la cama.
—Veamos qué piensas ahora, Kerim… —susurró mientras empezaba a doblar su ropa con movimientos mecánicos—. Veamos si de verdad me dejarás ir o si todo este tiempo solo he sido una pieza de ajedrez para ti.
Se detuvo un momento, con un vestido de seda entr