—¿Dónde estás?
Marcus ni siquiera se molestó en suavizar su voz.
Kent soltó una risita al otro lado de la línea, como si hubiera estado esperando la llamada.
—Eso no es un saludo —dijo Kent—. Eres un poco descortés.
—¿Dónde estás? —repitió Marcus, cada palabra cargada de la ira justa—.
Una pausa.
Luego: —Tranquilo. No estoy en tu casa... todavía.
Marcus cerró los ojos brevemente.
—Dime dónde está —dijo.
Kent suspiró teatralmente. —Siempre tan autoritario. Bien. El bar de Mercer. El de las mujer