La casa de Marcus era exactamente como Sophia la había imaginado: moderna, lujosa e impecablemente cuidada. Cada superficie brillaba, cada línea era limpia y precisa, al igual que él.Una mujer de unos cincuenta años apareció en cuanto cruzaron el umbral, con el cabello canoso recogido en un elegante moño.—Señor Kane —dijo con una cálida sonrisa maternal—. No esperaba que volviera tan pronto.—María, esta es Sophia, la hermana de Ethan. Se quedará en la habitación de invitados indefinidamente. —La voz de Marcus había recuperado su tono habitual, controlado y profesional, como si la emoción a flor de piel de antes hubiera quedado cuidadosamente contenida.La mirada de María se suavizó al instante al ver el rostro de Sophia, surcado por las lágrimas, y su aspecto desaliñado. —Claro, querida. Ven, te acompaño a tu habitación.Sophia siguió a María por la imponente escalera, plenamente consciente de la presencia de Marcus tras ellas. Sus pasos eran silenciosos pero firmes, y ella sentía
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