—No te muevas —dijo Marcus tras contestar la llamada, mientras ya buscaba su chaqueta cuando esta terminó.
La voz de su secretaria aún resonaba en su cabeza: contratos congelados, socios retirándose, la junta afilando cuchillos.
Apagó el teléfono a mitad de un pensamiento y se giró hacia la puerta.
Sophia estaba detrás de él, con los brazos cruzados sobre el pecho.
—¿Te vas? ¿Cuándo volverás? —preguntó.
—Pronto... Volveré pronto —respondió Marcus sin mirarla—. Necesito arreglar algo.
—No tardar