Las luces de la ambulancia iluminaron el rostro de Marcus: rojas en sus pómulos y luego azules en su mandíbula.
Estaba empapado por la lluvia, con la camisa manchada de sangre y los ojos ardiendo con una mirada primitiva.
Ethan exhaló y se giró lentamente hacia Marcus.
—No debiste haberla tocado.
Marcus ni siquiera lo miró.
—Debí haberla protegido antes.
Los sollozos de Kent se oían débilmente en el interior.
Pero Marcus tampoco lo miró.
Porque Sophia ya no estaba detrás.
La llevaban a un lugar