El viaje en coche de vuelta a casa de Marcus fue silencioso, pero no precisamente cómodo.
Tampoco incómodo.
Era un silencio opresivo que oprimía el pecho de Sophia, cargado de emociones que aún no se había atrevido a identificar ni a ubicar.
La lluvia golpeaba suavemente el parabrisas mientras Marcus conducía, con una mano firme en el volante y la otra apoyada en el muslo, como si estuviera absorto en sus pensamientos. No la miraba mucho, pero sí lo suficiente para asegurarse de que seguía resp