Maximilian apareció algunos minutos después, cuando yo ya había regresado a mi lugar en la fiesta y Sasha se había reincorporado a la vigilancia encubierta. Regresó con la expresión recompuesta, la corbata perfecta y esa calma suya que fingía después de un conflicto importante.
Su discusión con la violinista debió haber sido todo un espectáculo.
—Liebling —me miró de arriba abajo, y algo en su expresión cambió.
Aparté la vista y continué mirando al frente, como sí nada pasara. Aunque mis manos,