Anneliese von der Leyen me dejó un sabor amargo que no desapareció con el champagne rosa de esa noche, ni con el silencio del trayecto de regreso a Bellevue, ni con la oscuridad de la habitación cuando Maximilian me dejó para ir a hacer unas llamadas.
Por primera vez en varias noches, estuve sola completamente. Durante todo el camino de regreso él había actuado serio, sin decir media palabra, y era por ella. Su regreso había sido una sorpresa para todos los que sabían de su compromiso.
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