OLIVIA.
—Pasen, por favor —pidió Carlos a los dos hombres que acababan de llegar al apartamento.
Ya los había visto la noche anterior, sobre todo al mastodonte de pelo negro azabache que estuvo acompañándonos durante la cena.
Aunque el sujeto del vehículo que nos siguió hasta allí, no le había podido ver bien hasta ahora, siendo éste un hombre de cabello al ras del cráneo, bien rapado al estilo militar, castaño oscuro el color de sus cerdas, bastante corpulento, casi como su homólogo, secundand