Punto de vista de Julio
Tras la única llamada de Amada, se quedó en silencio. Esperaba que irrumpiera en mi habitación, pero al no hacerlo, dejé escapar un suspiro bajo, preguntándome qué sería esta vez.
Agotada, bostecé, cubriendo mi cabeza con las manos.
El sueño aún me envolvía como una densa niebla al salir de la habitación.
Me ardían los ojos, la cabeza me palpitaba levemente y sentía el cuerpo lento, como si todavía estuviera medio atrapado en el extraño y fragmentado sueño que había esta