Punto de vista de Mateo
Lo primero que noté al entrar en la habitación de Julio esa mañana no fue su expresión, sino sus ojos.
Eran grandes, inquietos y se movían por el espacio como si estuviera mapeando cada salida.
Planeaba irse, estaba clarísimo; no necesitaba una visión para eso.
Y supe, aún más dolorosamente, que no había nadie en esa casa que la detuviera.
Nadie más que yo, pero claramente no estaba interesado en lo que fuera que estuviera pasando en su vida.
Su historia fue inesperada,