Punto de vista de Mateo
El zumbido de mi oficina era casi reconfortante, salvo por mis pensamientos acelerados, empeñados en volverme loco.
Exhalando, me dejé caer en la silla, observando el suave parpadeo de las luces fluorescentes que proyectaban largas sombras sobre mi escritorio.
La pantalla de mi portátil brillaba frente a mí, un recordatorio constante de las fechas límite y el caos interminable de mi vida, pero no me molestaba.
Hace unos minutos, me preparé una taza de café, pero no le di