Lazos inesperados. Capítulo 33: Hasta que el cuerpo aguante.
La pista de baile brilló bajo esa especie de techo de luz que habían colocado en el jardín, cuando Eletta y Paul entraron en ella, con las manos entrelazadas y los ojos reflejando la alegría de un sueño compartido por fin hecho realidad.
A medida que sonaba la música, una melodía conmovedora que parecía compuesta sólo para ellos, se escuchó. Se movían con una gracia tan fluida que sus pies apenas susurraban contra la madera pulida.
Cada paso, cada giro, era una conversación sin palabras, una