Lazos inesperados. Capítulo 20: Lazos inquebrantables.
La luz tibia de la tarde se filtró a través de las persianas, bañando la habitación con rayos dorados que rozaban la piel pálida de Paul, como si fueran suaves caricias.
Sus párpados, pesados como si estuvieran hechos de plomo, comenzaron a temblar levemente, y tras una aparente eternidad, se elevaron.
Paul abrió los ojos con lentitud, para dejarlo caer de nuevo.
Su madre, Tarah, quien había estado aferrada a la esperanza más fuerte que un náufrago a un salvavidas, vio aquel milagroso destello