Capítulo 59: El peso de la pasión.
—Llévenla al lugar donde les indique y busquen un médico que le dé tratamiento, aunque ganas de matarla no me faltan, lamentablemente no puedo hacerlo… no podría mirar a la cara de mis sobrinas nuevamente —pronunció Piero mientras caminaba hacia otro de los autos.
Tenía que llevar al pequeño, a la casa de su hijo Roberto, para que lo cuidaran, le parecía increíble que ese pequeño se aferrara a la vida, a pesar de haber perdido a su madre, porque nada le quitaba de la cabeza que ese pequeño era