Pero no era momento para rendirse. Con cada fibra de su ser luchando contra el dolor y el miedo, Tanya arrastró su cuerpo mallugado lejos de la carretera, comenzó a correr por el campo, con la idea de buscar un refugio en la densidad del bosque que bordeaba el camino.
Cada respiración era una especie de cuchillo en su pecho, cada movimiento una agonía, pero el terror a ser encontrada le daba una fuerza casi sobrenatural.
La noche oscura la cubrió como un manto de sombras y susurros entre los ár