Capítulo 31: La mentira.
Ludovica tomó el cigarrillo y le dio un par de caladas con una siniestra sonrisa antes de dirigirse a su socio y amante Arthur Lujan.
—Debes buscar la manera de que sus superiores saquen a ese inspector del caso, me llamó para pedir que fuera a declarar, creo que está sospechando Aunque no entiendo su actitud ¿Acaso no me dijiste que el caso se lo habían dado a otros inspectores que son los amigos tuyos a quien compramos? —preguntó.
—Claro que sí, pero parece que el hombre le dio por ser héroe