Ambar
Los días pasaron y, poco a poco, me fui recomponiendo. Mis documentos universitarios estaban en orden y era hora de empezar una nueva vida. Cambié de número de teléfono, manteniéndome en contacto solo con Tomás. Él me había insistido en que me mudara a un nuevo departamento en la ciudad de mi elección, uno que él mismo se encargaría de pagar. Aunque al principio me negué, Tomás no aceptó un "no" por respuesta.
— Somos amigos, Ámbar, y los amigos se ayudan en los momentos difíciles — me d