Ambar
El pasillo del hospital parecía interminable mientras salía de la habitación de Axel. Cada paso que daba se sentía pesado, como si mis piernas estuvieran hechas de plomo. Había dejado a Axel allí, tendido en esa cama, tan frágil e indefenso. No era justo. Él siempre había sido fuerte, mi protector… y ahora, todo lo que podía hacer era esperar.
Al cruzar la puerta, vi a Kate. Estaba de pie, con los brazos cruzados, esperando por mí. Tan pronto como me vio, sus ojos se llenaron de compasión