La lluvia continuaba descendiendo sobre Ciudad de México con una persistencia elegante, envolviendo los edificios corporativos y las avenidas saturadas en una bruma grisácea que hacía que la ciudad pareciera suspendida dentro de una fotografía antigua. Desde los ventanales del penthouse Villanueva, las luces lejanas del tráfico se deslizaban lentamente sobre el pavimento húmedo. Clara permanecía de pie frente al cristal, sosteniendo una copa de vino intacta entre los dedos mientras observaba la