La noticia llegó a Dubái entrada la madrugada, envuelta en la voz temblorosa de Isabella, que pronunció las palabras con esa precisión involuntaria de quien no sabe que está entregando una declaración de guerra. Mateo había logrado sacarla. Valeria ya no estaba en el sótano. Rodrigo escuchó la frase completa sin interrumpirla, con los ojos fijos en las luces lejanas de la ciudad que se extendían al otro lado del ventanal como un mapa de cosas que ya no le pertenecían. Cortó la llamada sin despe