Mateo llegó al hospital con los archivos de Sofía terminando de descargarse en su correo cifrado. El pasillo del cuarto piso estaba iluminado únicamente por las lámparas de emergencia, una hilera de rectángulos amarillentos que proyectaban sombras largas sobre el suelo pulido, y él se detuvo en una de esas sombras, a veinte metros de la puerta de la habitación de Valeria, y abrió el primer video. No entró de inmediato. Necesitaba saber exactamente con qué iba a cruzar ese umbral.
Las imágenes