Cada mañana para Joseelo era una tortura. Llegar temprano al aula ya no era una opción, porque, si lo hacía, tendría a Iker encima de él como una babosa. Cada minuto se arrepentía de haber sido tan débil. Él, alguien de corazón puro, había terminado enredado con un alumno de dudosa procedencia. Conocía los privilegios de los que gozaba Iker, pero no sabía nada más sobre él.
Lo que existía entre Iker y él era una fantasía, precisamente porque ninguno de los dos sabía qué había más allá de aquell