Adrián llegó directamente a la residencia de la Guildhall School of Music & Drama.
Su cuerpo había viajado hasta Londres.
Su alma seguía en Perú.
Había dejado atrás a su familia, a sus hermanos, a su hogar... y, sobre todo, a la mujer que amaba.
Cada día sentía que una parte de él moría lentamente.
No porque el tiempo no avanzara.
Sino porque su corazón se había quedado detenido el día que decidió marcharse.
Como estudiante internacional, la escuela le había asignado una habitación dentro de la